De mi mayor consideración,
No tengo dinero suficiente para permitirme un psicoanalista, pero tengo ideas, cantidades ingentes y rebosantes de estrategias y caminos. Una de esas ideas ha sido mejor que las otras y es la responsable de que usted se encuentre ahora leyendo mi relato. Si es amante de la ficción le ruego que no arroje este documento a la basura, porque todo lo que le voy a contar es una historia real. Tampoco quiero hacerle pensar que es usted mi último recurso, al contrario, usted es mi único recurso.
Mis amigos son unos inútiles que se verían abrumados por las cosas que le voy a contar a usted, en el mejor de los casos se harían los ocupados y no me devolverían las llamadas. He empleado demasiados años en conseguir esos contactos y a pesar de que nunca están ahí cuando más los necesito, yo les atiendo siempre que solicitan mi ayuda. Soy imprescindible para ellos, sería egoísta por mi parte privarles del beneficio tan preciado que es la amistad. Yo, por mi compromiso con los mencionados, soy el culpable de no tener tiempo para conocer a otras personas.
Ser sociable es un oficio, un esfuerzo, un aparentar. Vestirse formal pero con moderación, para no atraer a los pedantes ni repeler a los trascendentales. Salir a una hora oportuna, ni muy tarde porque solo encuentras golfos, ni muy temprano porque te encuentras solo. Ir a un local céntrico ligeramente apartado, así no acceden a él exclusivamente quienes lo frecuentan desde que abrió y resulta más fácil volver a casa después de unas copas. La fachada es otro punto a tener en cuenta, si tiene una llamativa iluminación, dentro espera la penumbra, si por fuera es sobria, cuando entre será de día. El ambiente musical a volumen medio para poder entender las conversaciones y escuchar las canciones durante los silencios, un estilo que ni distraiga ni aburra.
Según va usted leyendo imagino que habrá concluido lo siguiente: “Qué exigente, pide mucho”. Estoy seguro de que usted lo es tanto o más que yo, sin embargo no se ha detenido en plasmarlo con palabras y mucho menos contárselo a otra persona. Esas decisiones son actos que llevamos a cabo sin negociarlo, sin darnos cuenta de cuánta información elegimos y descartamos ni para qué fines nos molestamos en emprender tal proceso. Uno no piensa: “Si le doy una palmadita en el hombro pareceré jovial aunque me tomaría una confianza que quizás no le resulte agradable, mejor un breve apretón de manos y una sonrisa afectada, ya nos iremos conociendo más adelante”, simplemente lo hace.
El razonamiento está presente y se esfuma tan rápido que no se le presta atención. Yo sí lo hago. Suelo hacer una evaluación de mis interacciones con el objetivo de mejorarlas y hacerlas más productivas. En realidad dedico todo momento a reflexionar, sobre ésto o aquéllo.
Pensar que pienso es donde me detengo al recorrer mi mente. Es un callejón sin salida, sin conexiones con otras avenidas, porque es un terreno sin explorar y quiero que usted sea mi guía.
Atentamente,

EL INCONSCIENTE