Sin servicio

Walter ClosserWALTER CLOSSER

Te levantas. Por una vez dejas tu trono momentáneamente hasta que plantas tus posaderas en el siguiente. Aprietas con fuerza. Miras por la ventana y apagas los ojos porque duele. La luz a través de tus párpados. Un avión lejano en dirección contraria. Te preguntas si habrá alguien dentro cagando. Sonríes. Hay silencio. En domingo no se trabaja. Tú menos.
Abajo cierran la puerta. Sale de su casa una persona, para ir a otro lugar y volver al final del día. Entra en un palacio del tiempo. Dentro le echan de menos. Fuera le echan en cara su cobardía. Huir no es la respuesta. Es la pregunta. Dos relojes hablan sobre el tic y el tac. Hay gente que aplaude y grita a la pantalla del televisor. No te preocupas de la caligrafía pero sí de las faltas de ortografía.
Te aburres. Decides que va siendo hora de limpiarte, echarte agua y secarte de nuevo. Sabes que no es una acción circular pero lo parece. Dejas la libreta a un lado porque tienes papel higiénico.
Te sientes mejor. Estás más ligero. Respiras hondo. Has expulsado mierda en dos sentidos: escribiendo y empujando. Sabes que nadie te querrá si sigues haciendo este tipo de cosas. Te aseguras de ello. No eres antisocial, la sociedad es anti tú. No les gustas. Lo aceptas. Te aceptas. Ahora te sientes lleno, realizado. Seguramente te vaciarán en menos de 48h. Es el círculo, nunca tiene fin. El fin lo pone la naturaleza. O una bala en la cabeza.