FAUSTINO ONITSUAF
—¿Has dormido bien?
—Es lo único que no he hecho mal esta semana.
—¿Qué ha pasado?
—No puedo seguir.
—¿Hacia dónde?
—Hacia ninguna parte.
—¿Qué hay de tus metas?
—Evito pensar en ellas. Cada vez que aparto la mirada y vuelvo para asegurarme si siguen ahí, han cambiado.
—Quiero saber si te estoy comprendiendo correctamente: ¿tus metas nunca son las mismas, como una suerte de maestro del disfraz? O, por el contrario, ¿son una serie de diapositivas elegidas al azar por alguien desconocido?
—Sería agradable pensar en lo primero, ya que bajo los múltiples disfraces siempre se encuentra la misma persona, la esencia de mis objetivos.
—¿Pero?
—Siento como si fuera lo segundo, porque soy incapaz de identificar el patrón.
—¿Qué podrías hacer al respecto?
—Nada.
—¿Ni siquiera plantear detenidamente y de forma consciente tus opciones para intentar crear una lista delimitada de objetivos?
—Si ya conocías la respuesta, ¿para qué diablos me preguntas?
—No tenía ninguna certeza de que fueras a decir exactamente eso. Si estuvieras pensando de esa forma, haciendo la pregunta consigo oírtelo decir, porque como ya he dicho no tengo habilidad de leer mentes. Además, he preguntado sobre lo que “podrías” hacer, no sobre lo que “querrías” hacer.
—¿Cuál es la diferencia entre querer y poder?
—¿En este caso o en general?
—Te acabo de cuestionar en un entorno concreto, en un momento específico; no me interesa lo global. La función de las estadísticas consiste en enseñar a los demás, de forma gráfica, lo que el autor piensa acerca de un fenómeno, para sacar beneficio económico, social y verbal, con un: “ajá, ya veo”.
—Tu capacidad y tu voluntad son cosas diferentes. El hecho de que hayas respondido como si te hubiera preguntado acerca de lo que deseas en lugar de aquello que está en tu mano, significa que tu voluntad obstaculiza tu capacidad.
—¿Acaso no está en mi mano lo que deseo hacer?
—En parte.
—Explícate.
—Allá voy. Lo mismo que el atender y el entender son interdependientes, están regidos por procesos distintos y no se evalúan de la misma forma. Con la atención, pasarías horas y horas escuchando lo que digo y serías capaz de recordar gran parte de mi discurso si te pidiera que me reprodujeras una oración palabra por palabra. Con la comprensión, en lugar de solicitarte una copia con tu voz de las palabras que han salido de la mía, te plantearía una reflexión particular que resuma desde tu punto de vista lo que yo he expresado previamente.
—¿Para atender no es necesario entender pero para entender es necesario atender?
—Correcto.
—Siguiendo ese argumento, asumo que para querer no es necesario hacer algo pero para hacer algo es necesario querer. Con ello justifico mi respuesta anterior, no puedo hacer nada porque no quiero…
—Si no quieres hacer nada al respecto, ¿me estás diciendo que te agrada la relación que mantienes con tus metas?
—Los problemas no siempre provocan malestar.
—Pon un ejemplo.
—En la frutería, dudo si consumo un kilo de manzanas rojas o verdes. Elegir es un problema, mejor dicho, las decisiones son la causa de todos los problemas, sea de una forma u otra. Pero la oportunidad de elegir significa que tengo un poco más de libre albedrío.
—Las decisiones son más que querer o no querer.
—Pon un ejemplo.
—…
—Elegir implica querer una cosa y rechazar el resto. De todas las posibilidades que tengo para con mis metas, decido no hacer nada para alcanzarlas.
—Sin metas, ¿cuál es el motivo de la existencia?
—La vida no es una carrera de obstáculos donde hay que llegar todo lo rápido y con los menos fallos posibles a una cinta roja que se rompe a nuestro paso triunfal. La vida es un sendero con cuestas hacia arriba o hacia abajo, con rocas, ríos, árboles, animales salvajes y un clima constantemente cambiante. Uno decide disfrutar del recorrido mientras se adapta al entorno o decide dejarse llevar por el entorno mientras disfruta del recorrido.
—Eliminando así toda tu responsabilidad.
—Soy responsable de mi filosofía de vida, todo aquello que ocurra durante mi estancia en ella es consecuencia de esa visión subjetiva, la cual no deja de ser otra decisión.
—Necesito un trago.
—¿Whisky, ginebra, ron?
—Ahora mismo no me apetece decidir, sírveme lo que tengas más cercano.