NILE
Vulnerabilidad de aquel que pierde su mirada estando de pie mientras su alrededor baila al ritmo de la música.
Contemplando la posibilidad de vivir bajo un puente o sobre él, como si ésas fueran las únicas formas de hacerle el amor a la vida.
Tirando cada centavo a una copa y otra copa hasta que a mediados de mes tan solo tiene para beber, se le ocurre la genial idea de compartir saliva con desconocidos dejando vacías las botellas que éstos no acabaron.
En eso se ha convertido, un perro que se alimenta de sobras y está de sobra en cualquier lugar.
Es un valiente acorralado.
Valiente porque desafía la enfermedad y el ser víctima de un puño ajeno.
Acorralado porque guarda para sí el padecimiento de una mandíbula rota.
Tiene los ojos abiertos y sin embargo es incapaz de ver el paso del tiempo con las oportunidades que trae pero que sobre todo se lleva.
Pararse no significa estar detenido, por incongruente que parezca uno debe correr, empujar, saltar y derribar con tal de noquear al objetivo.
Pero él está noqueado por las circunstancias sin siquiera ser este su objetivo.
Esperar que alguien deje de hacer algo importante para escribir acerca de su desgracia es lo único egoísta que inconscientemente hará.
Pretendo eliminar mis prejuicios hacia el alcoholismo con la excusa de este personaje, a quien podría agradecer en secreto los resultados.
Él desconoce el efecto indirecto que su existencia sin propósito voluntario tuvo, tiene y tendrá. Es mi deber hacer de ella una razón para que el resto evite caer en su mismo error.
Dejarse observar por la nada es tan solo apropiado cuando no haya nada que observar. Los días de juventud no son para ir envejeciendo paulatinamente sino para ser acorralados valientes.
Acorralados que se aferran al espíritu del joven que les abandonó.
Valientes que, con las consecuencias que conlleva, dejan que la noche se planee a sí misma.