Monodiálogo (III)

Faustino OnitsuafFAUSTINO ONITSUAF

—Soy un adicto al vacío, si me desengancho me tiro a él y caigo. Estoy colgado.
—¿Qué te sostiene?
—El deseo de verme reflejado en la oscuridad.
—¿Ver tu cara oculta?
—Siempre estuvo ahí.
—No accesible.
—Al final del pozo. El agua estancada desvelará quién soy en realidad.
—Pero lo que anhelas es tan solo el vacío, no llegar abajo. ¿Tienes miedo de tocar fondo?
—Menos que quienes ni se atrevieron a asomarse.
—Limítate a hablar sobre ti.
—Cuanto más lo haga más iré soltando la cuerda.
—En algún momento habrás de poner los pies en el suelo.
—Intento que llegue lo más tarde posible.
—¿Para qué?
—Para sentir pena de mí mismo. Para que el llanto haga rebosar el agujero en el que estoy metido desde que tengo memoria.
—Te ahogarás.
—Pero me vaciaré por dentro.
—¿No estabas ya vacío?
—Estaba lleno de vacío.
—¿Y ahora?
—Un folio en blanco. Listo para empezar de nuevo.
—Volverás a hundirte.
—Cuando esté recuperado. ¿No lo entiendes? El pozo se vacía, se llena, se vacía, se llena. Así es como funciona.
—¿Bebes tus propias lágrimas?
—Es un circuito cerrado.