«Sin título» es un título

Tal y como Dios solo se hace presente en su ausencia, la mano humana se hace presente en su ausencia respecto al objeto creado, mostrándolo manipulado, fuera de su sitio asignado inicialmente, roto o alterado de alguna forma. 

El objeto por sí mismo no es objeto hasta que se ve influenciado por la manipulación que le ha sido asignada, mientras tanto es escultura, obstáculo o paisaje.

——Esta era la pedante introducción que elaboré para la hoja de sala de una obra para la cual se me había solicitado colaborar como “escribiente”. El párrafo resolvía correctamente de manera sucinta el significado de la obra en cuestión, una colección de instantáneas tomadas con una Polaroid, cámara que volvió a conquistar la fama en la década de 2010 entre la juventud alternativa o indie por ser capaz de otorgar un aura reverencial de misterio y romanticismo incluso a la foto de un rodapié. En este caso, se trataba de fotografías a descampados, acumulaciones de basura, objetos y lugares abandonados. No había demasiada pretensión en la obra, se supone que la aficionada a la fotografía capturaba imágenes por mero placer, aunque en ese caso las podría haber sacado con el móvil y se habría ahorrado revelar carretes. Por tanto, se intuía cierto afán de conservación, ya que elegir el formato físico evidencia el deseo de revisitar o enseñar a otros las fotografías en un acto de connivencia; y así es precisamente como llegué a verlas.

——Seguí elaborando un texto para contextualizar y explicar la obra, hasta que encontré más interesante hacer mención explícita a la ausencia de intencionalidad en la misma, sobre todo después de ver que el “comisario” que me hizo el encargo no paraba de documentarse para poder elaborar toda una teoría cargada de cultura general y menciones a las últimas lecturas que había adquirido que, en lugar de contribuir a la obra, la reducían a unas cuantas referencias cuya única conexión entre sí era meramente azarosa.

——Existen dos tipos de artistas, quienes lanzan la flecha para dar en la diana y quienes pintan la diana alrededor de la flecha(1). Hay exceso de artistas del segundo tipo, que no considero artistas sino “hartistas”, porque hacen que cualquiera se harte de escucharles articular una perorata vehemente relativa a su producción artística.

Hartista (n. sin.): persona cuya actividad económica principal es el arte o que tiene por objetivo que su actividad económica principal sea el arte. Tiene formación académica en Bellas Artes, por lo que ha recibido lecciones de retórica para defender su obra en cualquier ocasión. Para el/la hartista, es muy importante que la obra tenga una justificación y un discurso que la acompañe, porque eso le diferencia de ignorantes en la materia; están en contra de que cualquier persona pueda hacer arte. Posee una extensa colección de referencias culturales en las que apoyarse para plagiar o, como estipula la Facultad, para inspirarse. Cuando el éxito alcanzado con su obra es menor del esperado, combate su insatisfacción alardeando públicamente de superioridad intelectual para así poder vender más cara su obra.

——Al colectivo hartista le invade un excesivo afán poético y académico que, por ejemplo, les lleva a ver una representación de la maternidad en una pintura donde en realidad lo que hay es un par de tetas a carboncillo. Es obligatorio usar metáforas y documentarse durante meses antes de poner el lápiz sobre el papel, de lo contrario no podrían defender su profesión con la grandeza que merece sino como un simple hobby. El arte por el arte no existe, y un verdadero hartista debe ocultar que se dedica a actividades paralelas para poder llegar a fin de mes o que recibe sustento familiar para poder seguir produciendo mientras en una habitación de la casa las obras sin vender impiden el paso hacia dentro.

——Volviendo al discurso intelectualoide, por supuesto que es interesante establecer relaciones entre elementos de diversa índole y propiciar la reflexión cognitiva sirviéndonos de estímulos visuales(2). Pero todo tiene un límite y nunca serán suficientes las voces que se alcen para detener la inercia purista: si elaborásemos una lista con todo lo que nos sugiere una obra concreta, nuestros cuerpos se transformarían en abono antes de terminarla. Esto significa que cualquier argumento suficientemente persuasivo puede ser válido para acompañar a una obra, llegando a comparaciones exhaustivas y absurdas que se alejan todo lo posible de cualquier explicación que el gran público considere obvia. La obra que logra ser expuesta entre aplausos es aquella de la cual su autor/a o curador/a de contenidos de turno ha encontrado las mejores palabras para describirla y las ha abanderado por escrito u oralmente con mayor gracilidad y elocuencia que el resto de propuestas a concurso. En contrapunto, hay quienes dicen que la mejor obra es aquella que se explica por sí misma, pero probablemente no saben a qué carajo se están refiriendo(3).

Esta es solo mi opinión, tú tienes la tuya.


Notas

  1. Variación de la frase dicha por el diseñador español Cruz Novillo: «El diseñador es un arquero que lanza la flecha con el propósito de acertar en el centro de la diana. El artista en cambio lanza la flecha y, en el lugar donde se ha clavado, pinta la diana”.
  2. Y otras formas de arte que incluyen estímulos auditivos, olfativos, gustativos o hápticos.
  3. Hamparte: el arte que no es arte.