Júpiter

El planeta Júpiter es azotado por tormentas que duran siglos, ráfagas de viento de 650km/h y una temperatura media de 152 ºC. Tiene el doble de masa que el resto de planetas del sistema solar juntos, concretamente 318 veces más que la masa terrícola.

Júpiter nunca ha estado tan cerca y aun así solo representa un diminuto punto brillante en el cielo nocturno. Hasta dentro de unos 100 años no volverá a pasar a 590 millones de kilómetros de la Tierra, habitualmente está a 960. En un punto lejano en el tiempo este planeta se aproximará en el espacio. Son grandes cantidades, a escala universal no tanto. Me gustaría saber si se siente lo mismo al mirar a la Tierra desde Júpiter que al mirar a Júpiter desde la Tierra. Supongo que depende del origen y del destino, de las circunstancias desde las que se observe: viaje de turismo, de investigación, de huida o de refugio.

Quizás nos produce cierta indiferencia mirar desde casa hacia un lugar tan remoto, ser consciente de esa lejanía es algo difícil de asimilar. Una tímida bombillita en el techo oscuro no influye en la gravedad de un cuerpo que está tan lejos, no importa lo que pase allí, no conocemos a nadie, no afecta. Por lo que aquí respecta, allí debe pasar de todo, todos los días; qué le vamos a hacer, ya bastante tenemos con lo nuestro. El caso es que su trayectoria y la nuestra no van a encontrarse jamás, de hecho si sucede sería un desastre de proporciones épicas. Cuando dos masas entran en contacto se contaminan, pierden su esencia, se atraen mutuamente y la cosa acaba en muerte y destrucción. De todas formas antes de tal calamidad el Sol se convertirá en una gigante roja que arrasará con todo justo antes de morirse. ¿Para qué nos vamos a preocupar?