Normalmente entendemos que una sala de exposiciones, una galería o un museo son los únicos lugares que acogen obras de arte y que esta es la forma de presentación óptima. Más allá de su incuestionable impacto visual, lo que hace destacar a este proyecto de Dreucol es haber transformado una casa cualquiera del centro de Málaga en un espacio público de libre acceso que incluso ha recibido visitas guiadas. Hace un año, Dreucol pasó por delante de un local colmado de carteles con mensajes escritos a mano y en mayúsculas sobre cartones, maderas u otros soportes. El formato no importa, la estética no importa, a Juan Luis, su autor, solo le importa el mensaje. Esto es lo que cautivó la curiosidad de Dreucol y, sin saber cómo acabaría su primer encuentro con un peculiar tapicero de barrio, se mostró interesado por la «instalación», si es que podemos reducir tal experiencia a una sola palabra.
Así nace Tapicería Juan Luis, la muestra coordinada por Dreucol partiendo de la producción del tapicero. Por primera vez, para la mayoría de quienes nos interesamos por el arte, no solo vemos la obra contextualizada en el lugar donde surgió sino que the artist is present, en este caso ambos artistas lo están.


La búsqueda por la coherencia es el principio universal de toda producción artística, y cuando Dreucol se percató de que el trabajo de Juan Luis no presenta fisuras, comenzó a catalogar y dar forma a la inmensa cantidad de documentos que el tapicero llevaba recopilando durante décadas, desde su partida de nacimiento hasta la última multa recibida el mes pasado. En este punto se hace evidente que el objetivo de Juan Luis no es visual sino conceptual, no se trata de una obra sino de una reivindicación de derechos.
Lejos de ser un proyecto con inicio y final, se trata de toda una vida focalizada a un mismo objetivo, sin distracciones ni derivaciones, sin descanso ni rendición: es la misión de Juan Luis en pos de su integridad. A lo largo de los años, Juan Luis sufrió una serie de injusticias, aunque algunas de ellas no están del todo claras. Es difícil determinar en qué momento sucedió el colapso, si fue cuando cerraron su antigua tapicería para ubicar un complejo hotelero, si fue cuando su mujer le pidió el divorcio, si fue cuando le multaron por causas de extraña justificación… Todo parecía una conspiración en torno a Juan Luis, quien pretendía luchar hasta morir. Su espiral de eterno litigio comenzó a girar.


¿Validez o invalidez? Juan Luis recibió la condición de incapacidad absoluta y permanente para todo trabajo, sin embargo es un hombre que vive de manera autónoma con una mascota a su cargo. Hay un pero. En su libro La inteligencia fracasada, José Antonio Marina explica por qué Dreucol fracasó en sus intentos de mostrar a Juan Luis que padece un trastorno mental de tipo paranoide:
Estaba seguro de que el Sol se movía en el cielo, pero la astronomía me enseña que es la Tierra la que se mueve […] El fracaso de la inteligencia aparece cuando alguien se empeña en negar una evidencia, cuando nada puede apearle del burro, cuando una creencia resulta invulnerable a la crítica o a los hechos que la contradicen, cuando no se aprende de la experiencia, cuando se convierte en un módulo encapsulado. Los psiquiatras saben que muchas patologías se caracterizan por estas seguridades erróneas e invencibles. Las alucinaciones son un caso claro. El paciente oye lo que oye y nadie puede convencerle de que su experiencia no tiene un desencadenante real. […] El dogmatismo aparece cuando una previsión queda invalidada por la realidad, a pesar de lo cual no se reconoce el error sino que se introducen las variaciones adecuadas para poder mantener la creencia previa. […] Se dispara un mecanismo raciocinante que solo pretende reforzar la creencia básica y eliminar la disonancia con la nueva información. Se mueve en un círculo autosuficiente que se alimenta de sí mismo. Nada puede afectarlos.


Aun cuando Dreucol le puso delante de sus narices el informe psicológico, Juan Luis logró esquivar lo que estaba leyendo y encajó aquella pieza de información en su delirio. En esta obsesión reside la coherencia “artística” de Juan Luis, quien no se limita a encontrar pruebas que confirman sus teorías sino que incluso transforma elementos externos al servicio de su discurso. Un tapicero contra todos, un tapicero a contracorriente con el mundo.
A la izquierda, Juan Luis cegado por su obsesión con la justicia (obra de Dreucol); a la derecha, un dálmata de porcelana cegado por la corrupción (obra de Juan Luis):


Nadie le puede negar su verdad a Juan Luis, tiene un convencimiento absoluto, que en ocasiones logra transmitir en el discurso a sus oyentes cuando aporta pruebas de que sus reivindicaciones tienen fundamento, podría tratarse de un caso de abuso policial. El brillo en su mirada y la casi ausencia de parpadeo cuando habla de esta calumnia de origen incierto, muestran que su “obra” y su persona son la misma cosa. A Neil Harbisson, el primer ciborg del mundo, le preguntaron en una conferencia por qué se considera a sí mismo como artista, pues no tiene obras que mostrar al público. Neil contestó que la obra era él mismo, pero su percepción de la realidad modificada por hardware en su cerebro le hacían ser su único espectador. Juan Luis es la obra de arte en sí, es el único testigo de su mente creadora. Aunque podamos contemplar la externalización de su discurso, su proceso es inaccesible.


“Esta es mi vida”, dice al final del vídeo que Dreucol proyectaba en la última habitación de la exposición, donde aparece la cara de Juan Luis en primer plano mirando fijamente a la cámara mientras escuchamos fragmentos de conversaciones con Dreucol que se superponen en un caos que puede acercarnos ligeramente al ruido de esta mente maravillosa.
Hay otra analogía interesante que nos permite comprender por qué no comprendemos. A unos metros de la vivienda de Juan Luis hay un gato que se deja acariciar, pero al estar tras los barrotes de la ventana nunca terminamos de alcanzarlo del todo. No se puede conversar por completo con Juan Luis, no podemos entender cómo funciona su cabeza a pesar del empeño que Dreucol ha puesto en ello con esta muestra. Dicha labor dilatada en el tiempo tiene un paralelismo con la de Juan Luis: “voy a morir hasta conseguir que se me haga justicia”, reza uno de sus mensajes. Esta incansable lucha ya no está solo presente en la fachada, sino también en el interior de su tapicería gracias a la colaboración con Dreucol, y es accesible al público sin tener que tratarse de un museo. Sin que se trate de arte.


La muesta Hasta morir estuvo abierta al público desde el 1 de abril hasta el 1 de julio de 2023 en la Tapicería Juan Luis, Málaga.