—Ha decidido que quiere ser pintor, pero ¿se ha planteado qué estilo va a practicar?
—Siento cierta devoción por el cubismo.
—Excelente. ¿Y sabe usted qué tipo de cubismo?
—¿Perdón?
—No es lo mismo el cubismo de Picasso en 1908 que en 1913. Y por supuesto, el cubismo de Juan Gris no tiene nada que ver con el cubismo de Fernand Léger. ¿De quién es usted más partidario?
—Pues… Me gustaría poder ejercer el cubismo desde mi visión personal.
—Ay, ¡no peque usted de ingenuo! Con lo bien que iba… Ojo que esto le puede costar la licencia. Escúcheme con atención: ya no está permitido innovar en la pintura. Desde finales del siglo XX hemos cerrado las candidaturas a artista atemporal. Si le gusta el cubismo, nadie le impide ejercerlo, pero mucho me temo que tendrá usted que elegir de quién se copia.
—Bueno… Si tengo que elegir, entre mis referentes destaca María Blanchard y…
—¡Maravilloso! ¡Qué buen gusto! Venderá seguro, conozco cierto perfil de coleccionista que…
—Espere, por favor. Si empiezo a pintar como Blanchard, en algún momento podré cambiar a otro referente, ¿no es así?
—Joven, o es usted un bromista o se está descubriendo como un ignorante. Sea como sea se lo voy a explicar amablemente, dando ejemplo de mi profesionalidad. Vamos a ver. Imagínese que es usted un médico, especialista en el aparato digestivo. Lleva diez años ejerciendo y ha adoptado una maestría por la que ya es conocido. ¿Cambiaría usted de especialidad y ejercer, por ejemplo obstetricia, de un día para otro sin tener la menor idea?
—No, pero…
—¿A que tiene poco sentido? Me adelanto a su próxima pregunta: incluso si lo hiciese de manera progresiva o ensayando otros estilos en privado sin llegar a mostrarlos al público hasta que alcanzase un nivel aceptable, no es posible para el artista ni el negocio de la pintura que este ejerza varios estilos salvo uno.
—Ruego me disculpe, señor, debí pasar por alto esa página en el reglamento. Aun así, ¿puedo preguntarle por qué hay que adscribirse a un género? Entiendo el ejemplo en medicina pero es que en ese caso hay vidas en juego.
—Tiene usted algo de razón. Se trata de un ejemplo para que vea lo serio que nos tomamos aquí estos asuntos. No es la vida de otras personas sino la historia de la pintura la que está en juego. Aunque gracias a la libertad para transicionar y practicar otros géneros que había anteriormente surgieron grandes nombres en la pintura, no podemos cometer el riesgo de resultados mediocres. Ejerza usted el genero que ejerza, se convertirá en una eminencia. Lo único que diferencia al genio del principiante es el tiempo. Dedicándole 8 horas al día a lo que elija usted aquí hoy, le garantizo el dominio total de la materia en cuestión de un lustro.
—Comprendo… ¿Puedo reconsiderar mi decisión?
—¡Faltaría más! ¿Desea contratar los servicios de una consejera?
—Eh… ¿Qué quiere decir?
—En ocasiones, afortunadamente pocas (por desgracia usted es una excepción a la regla), ofrecemos una primera sesión gratuita con una experta en orientación pictórica. Ella le aconsejará sobre el género que mejor se adapte a sus objetivos.
—De acuerdo. ¿Qué ocurre si tras la sesión no es suficiente?
—No me asuste, joven. Sería la primera vez que no basta con una visita a nuestra estimada Hilma. Si mal no recuerdo, en la página 347 del reglamento, si tras recibir una primera orientación pictórica no ha encontrado usted el camino, deberá abonarnos el 50% de los beneficios que obtenga las primeras diez ventas de sus cuadros.
—En ese caso más me vale que sea fructífera. Gracias por atenderme. ¿Por dónde salgo?
—No se preocupe, mi secretaria le acompañará amablemente. Le deseo éxito en su sesión, vaya con Gogh.
—¡Igualmente! Hasta luego.

