Reflexión

¿Por qué la gente llora al ver un eclipse?

Si te quedaste sin gafas para ver el eclipse y usaste unas normales, es normal que llorases por abrasión. Pero no me refiero a eso.

En televisión, entre los testimonios de espectadores en vivo al fenómeno abundaban las lágrimas saltadas, la falta de palabras para describir la emoción... Un sobrecogimiento general que a quienes se lo perdieron les hace cuestionar si es para tanto.

La astronauta de reserva de la ESA, Sara García-Alonso, compartió en directo una reflexión muy acertada mientras estaba visiblemente emocionada: cuando nuestros ancestros no eran capaces de entender ni predecir los eclipses, cada vez que ocurría uno creían que era el fin del mundo.

En parte de nuestro genoma sigue habiendo algo incomprensible y profundo que teme un Sol negro. El astro que nos dio la vida es olvidado día a día porque tras el ocaso siempre amanece. Pero, ¿qué pasaría si dejase de brillar?

Supongamos que el Sol se apaga. En cuestión de días, la temperatura media de 15º descendería considerablemente. Tras dos semanas, grandes regiones estarían a grados bajo cero. Un mes después la mitad del planeta Tierra estaría cubierta de hielo y nieve, mientras los océanos se congelan por la superficie. La mayoría de las plantas morirían. Sin ellas colapsaría la base de prácticamente todas las cadenas alimentarias terrestres. Primero desaparecerían los herbívoros que dependen directamente de ellas y después los depredadores. Los ecosistemas terrestres sufrirían un colapso gigantesco.

En cuestión de años, la Tierra se volvería inhabitable.

Hoy en día sabemos que esto ocurrirá dentro de 15 mil millones de años. Hasta hace unas décadas desconocíamos el dato. En el antiguo Egipto el Sol era el máximo dios, Ra. Nuestra especie lleva programado en forma de instinto que estamos aquí gracias a la radiación que emite el astro rey.

Lo que emociona de un eclipse no es la ocultación, es que tras un suspiro interminable de oscuridad la luz vuelve a nacer.

Por ahora, seguimos vivos.